Monsieur Privé en el Nail Concept Art Bar Yass & Co de Barcelona.

Desde niño hay un mal habito que siempre me acompaña allá donde vaya, morderme las uñas. Pese a que frecuento los círculos más elitistas donde lucir una buena imagen es primordial, siempre he encontrado mil y una excusas para no dejar esta mal sana y antiestética costumbre. 

Aquellas personas que estén leyendo esta crónica y también se muerdan las uñas me entenderán y sabrán a lo que me refiero. Es casi tan difícil como dejar de fumar o someterse a una estricta dieta.

Todo cambió hará aproximadamente un año. Paseando por la zona alta de la Ciudad Condal encontré un espacio que me llamó poderosamente la atención. Su discreta rotulación pronosticaba desde fuera lo que se hallaba en su interior. Sin querer fui a parar a Yass & Co. el primer Nail Bar de lujo de Barcelona.
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Su cuidada y elegante decoración con reminiscencias árabes, fue lo primero que me invitó a entrar.

Me encantó su mobiliario original de época y el cuidado de hasta el más pequeño detalle.

Nunca antes había visto un lugar semejante donde las picas y los lavapies fuesen de mármol traído expresamente desde Italia.
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Nada más lejos de la realidad, me sorprendió hasta su amplía y cuidada selección de prensa de moda especializada que puede leerse durante la espera, es más, lo más asombroso es que si no tienen tu revista favorita un miembro del servicio sale en su búsqueda. 
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Pese a que nunca antes les había hecho una visita, desde el primer momento me sentí como en casa. Su atento y amable servicio me encantó.

Lo más curioso de su filosofía es que huye de imposiciones y estereotipos, aunque pueda resultar difícil de creer, no resulta un servicio costoso. Una manicura básica en un salón de belleza de estás características no es mucho más caro que en un salón convencional. 

"Para ser único hay que ser diferente y para lograrlo tienes que ir más allá dándolo todo y ofreciendo algo que los demás no puedan darte." 

Me dijo la encantadora técnico estética que me hacía la manicura. Entre risas, macarons y Dom Pérignom trascurrió la primera parte de la sesión.
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Una vez me levanté de mi asiento estilo Louis XIV, pude apreciar que el espacio se dividia en dos niveles, uno dedicado en exclusiva a la manicura y al nail art y otro al cuidado de los pies, donde los clientes también pueden someterse a otros tratamientos estéticos como masajes o acupuntura.

Su llamativa y elegante decoración cabalga ente la dulzura de una niña y la sensualidad de una mujer. Las dos caras de una misma moneda se unen para forjar unas señas de identidad propias con las que marcar la diferencia.
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Sus lámparas de vidrio lacado enamoran a todo aquel que las admira.

Tanto de los apliques como de las lámparas de araña, de cada punto de luz gotea una lágrima de cristal que emula la textura del esmalte de uñas cuando se desprende de su aplicador al ponerse en contacto con la uña.
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Antes de hacerme la pedicura tuve la oportunidad de conocer a Yass Meftah, la propietaria del establecimiento. Su mirada limpia y cristalina, oculta tras unas  hermosas gafas de Chanel, me relevó que tenía ante mi a una gran persona. 

La dulzura de su voz, te arropa como el bello susurro de una madre a su hijo, pese a que no nos conocíamos, la calidez de su corazón inundaba mi alma y me hizo sentir como un ser querido.

Mientras le felicitaba por la originalidad de su negocio y su gran capacidad emprendedora en unos difíciles momentos como estos, me ofreció un dulce. Acepté muy gustosamente, le confesé que junto con la moda, los dulces eran mi perdición, a lo cual ella, con una sonrisa entre cortada por un macaron y acompañada de un divertido gesto, me confesó que a ella también. 

Acto seguido le pregunté si su nombre Yass correspondía con el de Yasmín, me dijo que sí, a lo cual yo añadí que tenía nombre de princesa y ahora entendía porque tenía un palacio. 

Nuestra pasión por la moda y los dulces llevó consigo un breve viaje por nuestras respectivas carreras profesionales dentro del difícil mundo de la moda. Tras haberse dedicado durante más de dos décadas al retail de lujo en los Emiratos Árabes, un buen día decidió hacer un alto en el camino, respirar y seguir hacía adelante cosechando éxitos.

Su carácter refleja ser una persona cultivada de espíritu noble y abierta al mundo que le rodea, su capacidad innata para aprender en muchas ocasiones le ha llevado a convertirse en toda una trend setter.

Me comentó que tanto en la comunidad islámica como en la eslava, la mujer cuida extremadamente sus uñas. Para ellas es una cultura que va más allá de la estética, con lo cual saben valorar lo que supone un añadido artístico. Bajo este principio en vista de la ferviente demanda y la inexistencia de este servicio decidió embarcarse en la aventura de abrir el primer Nail Bar de Barcelona

Sin pretensión alguna, ofrece servicios estéticos de todo tipo que abarcan distintas franjas de mercado, desde una manicura básica a un trabajo realizado con diamantes, dentro de estos dos extremos las posibilidades son infinitas.
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Creatividad al poder, se dispuso a llevar a cabo una pequeña muestra de su arte. 

Tras desplegar todos sus herramientas y utensilios me dijo: 

"¿Qué quieres que cree para ti?"

Le dije que en aquel momento no tenía nada en mente, pensando en mis lectores, se me ocurrió la idea de reproducir mi logotipo en una diminuta uña "tip" de competición.

1-El primer paso consiste en dibujar con grafito plástico graso sobre la superficie de la uña.

2-En los colores seleccionados la artista crea una base donde sostenerse el esmalte de uñas. 
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3-El tercer paso consiste en reseguir con un fino pincel de piel de nutria el dibujo base con tempera sólida.

4-Por último se aplica un fijador para que el esmalte sea resistente al agua y permanezca en la uña durante mucho más tiempo.

Me sorprendió su destreza y virtuosismo con el pincel en una superficie tan reducida.

Como si de un café entre amigos se tratase, mi tiempo expiró y me tuve que ir a toda prisa a otro compromiso ineludible de mi apretada agenda, viéndome obligado a dejar la pedicura para otro día.

Continuara...