Monsieur Privé en el Enajenatorium de Hendrick's

Sin lugar a dudas para muchos unas fechas tan señaladas como la Navidad podrían definirse como un estado de enajenación mental colectivo y transitorio de unos aproximadamente 30 días de duración.

Durante algo más de un mes, nuestra mente pierde toda capacidad de raciocinio alguno, alimentando nuestros egos y liberando desmedidamente las pulsiones y deseos procedentes de la parte más recóndita y desconocida de nuestra personalidad. ¿Y qué tiene eso de malo? Pensarán algunos.
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Lejos de querer curarnos, de la mano de la reconocida y selecta ginebra escocesa Hendrick's, visitamos su Enajenatorium, una singular y única experiencia, altamente recomendable, donde el visitante se adentra en lo más profundo y oculto de su ser.

Sin la intención de quedarse en una original fórmula comercial creada con el fin de reforzar la experiencia de compra, se ha contado con el apoyo y el desarrollo de reconocidas y destacadas figuras del ámbito neurocientífico nacional de la talla de Salvador Soto, doctor en psicología cognitiva, Ramón del Pomar, hipnoterapeuta, Gerardo Gálvez, neurocientífico experto en sonido binaural y Fernando García, naturópata con el fin de sorprender a cada paciente con su diagnostico.
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El estudio comienza anulando el gusto. Desactivado uno de nuestros sentidos, los demás por exceso pueden llegar a desarrollarse o en defecto, en la mayoría de casos, suelen tender a fallar.

Sin gusto alguno en la lengua ni en el paladar muchos de los olores de nuestro entorno habitual pueden llegar a convertirse en desconocidos para nosotros.

¿Curioso, verdad?
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Para demostrar este principio se anuló el sentido del gusto de los participantes y se les dio a probar un cóctel elaborado para la ocasión con una base de Hendrick's.

Pese a que a algunos el aroma les resultaba familiar, sin notar su sabor, muy pocos descubrieron de lo que se trataba. Caldo de tomate.
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Los culpables de esté fenómeno fueron los frutos de flor eléctrica que se suministraron minutos antes de llevar a cabo el experimento.
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Una vez desaparecidos sus efectos, muchos volvieron a oler la substancia tras probarla y pese a saber lo que era, aún seguían sin descubrirlo.
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Entre muchos otros experimentos, un mentalista adivinó el nombre de un familiar de los participantes  y dos de los dígitos del final de los números de teléfono del mismo.

También se sorprendió a los asistentes midiendo el grado y la amplitud de las emisiones energéticas del cerebro, determinado en función de estos, sus preferencias en cuanto a sabores e ingredientes.
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La experiencia finalizó anulando el sentido de la vista e introduciendo a los pacientes en un espacio insonorizado tan sólo con unos auriculares.

Mientras escuchaban un relato con todo tipo de sonidos como refuerzos sonoros, al finalizar, algunos afirmaron haber sentido en el tacto, las sensaciones oídas.
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Marco Calaza, Embajador de Hendrick's en España y el líder de opinión Eloy Privé, posando durante el transcurso del cóctel celebrado.

(Imágenes cortesía de Hendrick's)
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