Restaurante El Bar Barcelona Calle Calabria 
Paseando por el Ensanche barcelonés, inmerso dentro de mis pensamientos, escucho mi nombre des de la lejanía en la confluencia de la calle Calàbria con Diputación. Para mi sorpresa al girarme se trataba de mi gran amigo el chef Xavier Lahuerta, a quien conocí hace ya muchos años durante su etapa como chef dentro del equipo del ya fallecido Estrella Michelín, Jean Luc Figueras, en aquella época asesor gastronómico del lujoso y exclusivo Hotel Mandarin Oriental de Barecelona.

Tras fundirnos en un fuerte abrazo, con toda la confianza del mundo, me pregunta qué hacía por allí un viernes por la noche. Se sorprendió que no estuviese en alguno de los múltiples e ineludibles compromisos que a diario llenan las páginas de mi agenda. Sin más preámbulo le comento que ya me dirigía hacía casa sin ningún plan interesante a la vista, a lo que él añadió que me invitaba a cenar. Sin oponer resistencia alguna por mi parte, le dije que ningún problema y que aceptaba encantado. Hacía meses que no nos veíamos y teníamos que ponernos al día de todo. Por el momento no avisté nada especial ni diferente hasta que entramos en el establecimiento, se dirige hacía la cocina, se lava las manos, se pone el delantal y de repente aparece ante mi otro gran profesional al que admiro y conozco desde hace años durante su etapa como asesor del emblemático Hotel El Palace de Barcelona, Mika Lasne. Allí fue cuando un cúmulo de dudas me asaltaron de improvisto sin entender nada. Xavier me había invitado a cenar pero lo que no me había dicho es que sería él quien cocinaría ni tampoco que era la mano derecha de Mika en este proyecto. Doblemente gratamente sorprendido, mientras Xavier lo prepara todo en cocina, Mika me enseña las instalaciones, contándome la historia del lugar y la nueva filosofía que habían decidido aplicar.
Me comenta que El Bar Barcelona nace como un reto, crear un espacio gastronómico único y singular que fusionase los pilares fundamentales de la tradición catalana más arraigada dentro de la cultura popular de la zona con los gustos contemporáneos sin perder ni un pequeño ápice de su esencia de antaño.

Nada más bajar los tres escalones que separan al presente del pasado, su atmósfera me atrapa sin dejarme escapar, trasladándome a una época pretérita de esplendor y gloria donde atrás quedan los artificios y lo superfluo que decora todo hoy en día. Una luz cálida es la encargada de reforzar la faceta más destacada del espacio, su decoración. Nadie diría que nos encontramos en un restaurante del Ensanche, aislándome del exterior podría decir que estamos en la Barceloneta o Pueblo Nuevo, incluso hasta en el Barrio Gótico pero nunca habría venido a mi mente el Ensanche, territorio de Lázaro Rosa-Violán y Jaime Berinstaín en cuanto a la ambientación de restaurantes y hoteles se refiere.

Su decoración está muy lograda y conseguida y una vez perdido de vista el entorno podemos sentirnos como visitantes a la época de nuestros bisabuelos. Simplemente me encanta, la vuelta catalana del techo, los ladrillos artesanales de obra vista, el color del barniz de la madera, todo elegantemente escogido para recrear tiempos inmemoriales.

La planta superior cuenta con un salón privado en el que celebrar banquetes, reuniones de trabajo u otras actividades de trasfondo gastronómico que requieran mayor privacidad. Sus blancas e inmaculadas paredes actúan a modo de escenario donde mobiliario original del siglo XIX se desenvuelve con elegancia y armonía con el entorno. En el piso de abajo se encuentra la barra, la cocina y el restaurante. Como si de una masía se tratase nos trasladamos a los orígenes de nuestra cultura con cariño y añoranza a partes iguales.

Como entrantes me sorprende con unas originales olivas rellenas de caviar de Oro Líquido. Diminutos granos de caviar de aceite de oliva virgen extra que al eclosionar con mi paladar contrastan en armonía con el intenso sabor de la oliva. Un dúo de texturas donde por un lado podemos ver el estado originario de la oliva y por otro contemplar una de las más recientes y modernas aplicaciones del aceite. A los pocos minutos me sirve una ración de pan de pagès tostado y untado con tomate, un clásico intemporal que nunca falla y que siempre actúa a modo de preludio de otro básico de nuestra gastronomía, las croquetas de pollo. De su presentación sorprende su formato rectangular y el plato en forma de salpicadura de cerámica en el que son servidas. Melosas, tiernas y crujientes en su justo punto de cocción. 
Al tratarse de un espacio que se encuentra en la intersección de distintas arterías comerciales se convierte en un lugar de paso que diariamente recibe muchas influencias de todo tipo. Ello se percibe en su carta, platos de temporada que se desarrollan en función de los ingredientes disponibles en ese momento en el mercado como es el caso de las finas láminas de alcachofas fritas. Qué decir de un plato sano, saciante y de efecto drenante? Tan sólo que están hechas en su punto y cortadas a un grosor que les otorga una melosidad inusual. Volviendo a la calle me son servidas dos tapas sobre baldosas de la rosa de Barcelona. Mirando a montaña por un lado y a mar por otro. En dirección a Collserola avisto unas originales rodajas de jamón acompañadas de higo deshidratado y salsa de cobre. Xavier me comenta que si se cocina con oro y con plata porqué no elaborar una salsa con cobre? Hecho que resulta todo un acierto en cuanto a cromatismo se refiere. Mirando al mediterráneo me sorprende con un saco de gambas acompañadas con salsa romesco casera. Qué decir de las gambas y qué decir de la salsa? Una salsa suave y que evoluciona en el paladar mostrando cada uno de los matices de los ingredientes empleados que acentúa el sabor a mar de la gamba. Todo un placer para los sentidos.
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Como plato principal me sorprende, hasta el punto de emocionarme, recordándome mi niñez con unos calamares rellenos de carne, con su sofrito, regados en salsa de tinta negra, presentados en un original plato de cerámica en forma de salpicadura como el que os he comentado anteriormente pero en distinto color y de mayor tamaño. Mika me comentaba el otro día a través de las redes sociales que se están planteando rebautizar el plato con mi nombre.

El mar y montaña de botifarra negra con pulpo, parmentier de patata y habitas es presentado sobre un original recipiente de vidrio que al unirlo con otro tienen forma de corazón, una alegoría a la pasión que tanto Mika como Xavier profesan día a día hacía su trabajo. La cremosidad del parmentier integra con ingenio el intenso sabor del pulpo con el de la botifarra. Las habitas tienen un papel primordial en cuanto al juego de texturas se refiere que vosotros mismos deberéis descubrir.

El broche de oro de este encuentro inesperado lo puso una deconstrucción de pastel de limón / lemon pie que devoré de dos cucharadas casi sin dejarle probarlo.Sabe que es uno de mis postres preferidos y por ello no se enfadó conmigo cuando fue a probarlo y ya no quedaba.

Siempre he pensado que aquellos maravillosos recuerdos que uno guarda para siempre en su corazón son por un lado fruto de la casualidad y por otro del deseo.

El Bar Barcelona de la Calle Calàbria 118 es un espacio donde el postureo se deja en la puerta antes de entrar del mismo modo que las espadas no tenían cabida alguna en la corte de Catalina la Grande antes de acceder ante su presencia. Un lugar donde disfrutar y dejarse llevar saboreando lo mejor de nuestro legado contemplando el ferviente bullicio que nos envuelve. 
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