Restaurante Tierra de Trufa Barcelona
Con la llegada de la esperada celebración de la onomástica de uno de los santos más vanagloriados y célebres del mundo, San Valentín, nos dirigimos hasta uno de los restaurantes de reciente apertura más elegantes y con más clase de la capital catalana, el Tierra de Trufa, un espacio donde el tiempo se detiene y nuestros sentidos se embriagan con el sutil e intenso aroma del hongo rey por antonomasia, la trufa. Un producto tan raro de encontrar como difícil de trabajar y que no se deja manipular así como así por cualquiera, algo que saben muy bien en la cocina de este céntrico restaurante que elevándola a la categoría de estrella, la han convertido en en su principal reclamo, llenando así el vacío existente que había hasta día de hoy en el mercado local, completando así la rica y variada oferta gastronómica de la ciudad, convirtiéndose en menos de año en todo un referente único en su género y sin precedente.

Recibidos por uno de sus tres socios, Alberto Flotats, nos adentramos en los distintos espacios que conforman el local mediante un recorrido de lujo por la historia, el concepto y la filosofía creativa de su carta. Seducidos por el jardín vertical que preside la entrada y el buen gusto que impera en toda la decoración, nos dejamos llevar, abriendo nuestra mente, a todo tipo de nuevas experiencias gastronómicas, estrecha y directamente vinculados con este manjar de la tierra. Nos comenta que están muy contentos por la acogida que han tenido, tanto por parte de comensales entendidos y con el paladar ya hecho a los distintos matices de la trufa como por aquellos neófitos que la prueban por primera vez. Siendo capaces de fidelizar al cliente local desde su primera visita, el boca a boca hace el resto en cuanto a visitantes puntuales y extranjeros se refiere.

Tanto dentro como fuera de nuestras fronteras existe una gran cultura que gira alrededor de este exclusivo producto y cada vez hay más personas que sienten su llamada. Según nos informa, se trata de un ingrediente cuyo sabor potencia e intensifica al resto consiguiendo que un plato básico se convierta en un manjar de dioses.
Cuando se sienta un comensal lo primero que se le ofrece es probar el bikini de trufa, pese a que se trata de un plato sencillo de fácil elaboración, tiene un sabor indescriptible y una muy agradable textura que una vez en el paladar, se convierte en una mezcla increíble. La trufa es muy versátil y puede acompañar a casi cualquier cosa, casa con todo, ya que ni perjudica ni obstruye, simplemente intensifica.

Cabe destacar la formidable bodega con más de trescientas referencias que a vista de todos preside el gran comedor. Variedades de todo tipo, francesas en su gran mayoría, conviven en armonía con una fina y acertada selección de vinos españoles con los que poder maridar cada plato.

Entre sus proveedores se encuentran charcuterías y carniceros franceses que les suministran semanalmente otros productos de primerísima calidad como quesos, verduras, carne de lechal, ternera blanca o embutido francés. Nos comenta que todo sale de la cocina, nos les gusta comprar nada hecho, hasta sus chips de patata trufada son obra del chef.

Lo que más nos emociona es la pasión que Alberto Flotats, sus socios y su equipo profesan hacía su trabajo, una excelente labor que les ha llevado a convertirse en un referente. Para ellos el comensal es lo primero, alguien casi de la familia y que se merece tan sólo lo mejor.
Como entrante nos decantamos por una ensalada de salmón ahumado con tostadas y doble nata francesa, todo un acierto. El juego de texturas que surge de la combinación de la jugosidad del salmón, el frescor de las hortalizas y el crujiente pan tostado resulta muy interesante a la hora de mezclaros homogéneamente con la nata. Un refrescante toque cítrico de limón se encarga de hacer el resto aportando una sensación de ligereza.

Nuestro primer plato se compone de una preciosista escultura orgánica y efímera en forma de patata tibia cocida a baja temperatura con crema de trufa negra su presentación, armónica y equilibrada, se mimetiza con los bajos relieves y los motivos que ornamenta el soporte cerámico sobre el que se sirve. El toque de trufa queda muy bien resuelto resaltando la salsa de la crema e incluso a la misma patata.

El Solomillo francés a la pimienta negra con gratén de trufa es el plato estrella de este menú degustación de San Valentín. Servido en dos tiempos, el solomillo por un lado y el acompañamiento por otro, su puesta en escena es concebida casi a modo de danza. Por un lado el maître nos los presenta y por otro dos camareros reorganizan la mesa para que cada ingrediente ocupe el lugar que les corresponde. La salsa de pimienta es suave pero a su vez intensa, muriendo en el momento justo tras revelar sus matices al llegar al paladar. El acompañamiento, es servido en una preciosa cocotte color negra firmada por Staub realizada en hierro colado, las mejores del mercado y embajador oficial de la alta gastronomía francesa.
Llegados los postres, muy amablemente, la camarera que nos sirve nos cuenta que disponen en exclusiva de un pastelero especializado en repostería francesa que es quien elabora todo el dulce del restaurante.

Como broche de oro para cerrar una mágica y romántica noche de San Valentín somos sorprendidos con un trío de postres compuesto por un bombón de chocolate blanco a la fresa relleno de licor de rosas, un macaron de frutos rojos y fruta de la pasión y un mini cheesecake.

El bombón debe saborearse de un bocado y eclosionarlo entre la lengua y el paladar mientras se inspira profundamente para poder percibir todos los aromas que deprende el licor de rosas. El macaron es una preciosidad, da pena comérselo. Decorado con un corazón de chocolate, en su interior esconde el intenso sabor de la fruta de la pasión combinado con la suave y aterciopelada textura de los frutos rojos. El mini cheese cake es reinterpretado bajo los códigos del chef, deconstruyéndolo un clásico bajo los parámetros de su filosofía creativa.

Sin duda alguna, una experiencia altamente recomendable, tanto por su excelente relación calidad-cantidad-precio (35€ Bebida incluida) como por el cariño, el esmero y la dedicación con el que se vuelca todo el personal del servicio. 
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