Campari Random Boutique Barcelona
De la mano de Campari nos adentramos en un fascinante viaje atrás en el tiempo donde poder rememorar con todo lujo de detalles, el esplendor pretérito de las épocas más emblemáticas y representativas de nuestra historia. Un homenaje que rinde tributo al legado de unas de las casas licoreras más legendarias de Italia que pese al paso de los años ha sabido perdurar y abrirse hueco en el día a día de la vida de millones de consumidores en todo el mundo, sabiendo evolucionar a cada momento y sin perder ni un pequeño ápice de su esencia. 

Dentro del fascinante universo creativo de Campari todo es posible y fruto de la inagotable fuente de creatividad de su departamento de marketing nació Campari Random Boutique, una discreta relojería, regentada por un misterioso anciano que tras su poblada barba esconde su verdadera identidad. Siendo el único capaz en poder dar cuerda a las mágicas manecillas de su reloj, tras escuchar las palabras mágicas en boca de sus visitantes, los traslada aleatoriamente a distintas épocas donde poder vivir una mágica aventura. 
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Al traspasar el umbral que delimita nuestra realidad con la del del fascinante universo de Campari nos invade una extraña sensación que se apodera poco a poco de nuestra razón. 

Una voz que emerge de la nada nos indica el camino a seguir mientras nos recomienda no tocar nada a nuestro paso para no alterar la historia. Todo un reto para los curiosos y todos aquellos a los que les encanta vivir nuevas experiencias. 

Al llegar a nuestro destino ante nosotros se vislumbra una sala cuya decoración nos evoca al principio de nuestra década. Allí una artista nos esperaba para capturar nuestra silueta y posteriormente plasmarla en un pergamino. 
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Una banda de música en directo se encargó de hacer el resto amenizando nuestra estancia al ritmo de su melodía mientras hacíamos cola para saborear los cuatro cócteles creados en exclusiva para la ocasión. 

Nuestro periplo da comienzo con un Boulevardier, un combinado elaborado con vermout y whisky, siguiendo su curso con un Negroni, un Americano y poniendo el broche de oro con un Orange de zumo natural de naranja. Entre uno y otro amables camareros sirvieron platos con queso parmesano, chips vegetales y mini bocadillitos de pollo al curry y rost beef con eneldo.  

Al igual que Cenicienta al tocar la última campanada de media noche, nuestro viaje llegaba a su fin, siendo plenamente conscientes de que nada de aquello había sido un sueño. 

Desde Monsieur Privé queremos dar las gracias por la invitación y por habernos hecho participes de esta inusual aventura. 
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