Monsieur Privé en el Restaurante Nº 30 de Barcelona (Paseo Juan de Borbón, 30 )

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Los calurosos meses de verano son a menudo los elegidos por los emprendedores de éxito para abrir y ver arrancar sus nuevos negocios. La proliferación y el auge de los vinculados directamente con el sector de la restauración y la gastronomía, resultan la mayoría de veces una apuesta segura con la que complementar la oferta de las grandes ciudades y conquistar con acierto, los corazones de todo tipo de públicos, tanto local como extranjero.

Con la llegada de la tan ansiada temporada estival, las temperaturas aumentan e invitan a salir de casa, ayudándonos a expandir nuestra vida social más allá de cuatro paredes. La excusa para verse importa bien poco siempre y cuando haya detrás un claro trasfondo gastronómico que seduzca por igual a todas las partes implicadas. 

Paseando por el emblemático barrio de la Barceloneta junto a mi gran amiga y compañera Natalia Deyalsingh nos detenemos en la terraza de estilo tropical de un restaurante frente al mar cuyo nombre nos llama soberanamente la atención, Nº 30, justamente el mismo en el que se emplaza en el Paseo Juan de Borbón. El espacio invita a entrar a un onírico mundo de sensaciones y experiencias que destacan con creces muy positivamente sobre la oferta imperante de la zona.
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Con la frase "Yo nunca te he mentido, siempre te he contado cierta versión de la realidad" como telón de fondo, grabada en uno de los muros de la entrada, una encantadora camarera nos da la bienvenida mientras nos recibe y conduce hasta la primera planta del establecimiento. Paso a paso da comienzo un viaje rumbo a una nueva dimensión, hasta aquel momento descocida, cuya atmósfera nos atrapa, sin oponer resistencia, transportándonos a un viaje atrás en el tiempo hacía una época de esplendor y gloria cuya decoración, obra del célebre y reconocido interiorista Gonzalo Tagarro del Estudio de Arquitectura e Interiorismo Comta Group, nos hace perder aún más de vista la realidad de nuestra cotidianidad. 

Mientras decidimos qué tomar, analizando concienzudamente su completa carta, nos pedimos dos cócteles, ella un Sunner y yo un Cosmopolitan con los que admirar la estética del espacio en el que nos encontramos. A Natalia le encantan las sillas, todas ellas tapizadas con estampados diferentes, a mi la escultura del risueño rinoceronte con pajarita obra del artista Ornamante que preside la sala. Sintiéndonos los protagonistas de una obra de teatro sobre un escenario cuyo atrezzo cabalga entre lo industrial y la Ley Seca de los años 40's, aparece en escena Albert Bocalandria, artífice del proyecto y chef del restaurante, explicándonos a rasgos generales, para no aburrirnos según él, como surgió el proyecto. Cercano, próximo y cordial nos narra en primera persona sus vivencias, con los ojos vibrantes y un tono de voz emocionado que nos contagia a la hora de hacerle preguntas. Su carrera profesional dio comienzo en una de las mejores escuelas de hostelería y restauración de nuestro país, La Hoffmann. Tras licenciarse con nota decidió complementar su formación al lado de los grandes, Estrella Michelín todos ellos, como Jefe de Partida en templos gastronómicos de la talla del "Mas Pau" "El Lluçanés" o como pastelero de "Can Pipes"  alcanzando el éxito años más tarde en Londres dirigiendo la cocina de un conocido hotel de cinco estrellas de la capital. También nos cuenta que tras su regreso a Barcelona decidió estudiar márketing y dirección de empresas en ESIC con el fin de devolver a su barrio todo lo que había hecho por él, abriendo un restaurante que rememorase sus orígenes pesqueros. 
Al traernos los entrantes y ser llamado nuevamente a cocina, da comienzo nuestra experiencia. Su carta sorprende por la maestría con la remasteriza los clásicos de siempre empleando ingredientes de proximidad y Km0.

Nuestro pistoletazo de salida viene marcado por una ración de patatas bravas. En el Restaurante N 30 son cortadas en forma de gajo y se presentan acompañadas de dos salsas; picante y mayonesa sobre una regia madera y una original vajilla. 

A los pocos minutos nos sirven las gambas rebozadas en tempura acompañadas de dos salsas exóticas con las que percibimos ciertos guiños y reminiscencias con la cocina de otras culturas como la asiática y la sudamericana.  

Nuestro paladar explota de placer al probar las vieiras con lámina de bacon crujiente y queso parmesano servidas sobre una hoja de bambú. El contraste mar y montaña produce como resultado un original e inusual mix de sensaciones muy cercanas al umami, el quinto sabor. Teniendo la gran suerte de que nos fuesen servidas y emplatadas en directo sobre la mesa por el propio Albert Bocalandria. 
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Haciendo creer que bajamos a fumar, le devolvemos la visita y nos enseña el corazón y centro de operaciones del restaurante, su cocina, allí pudimos ver como con cariño, esmero y pasión se encontraba preparando nuestros mejillones con crema de coco, chile y lemongrass, una de las especialidades de la casa. No dejándonoslos probar hasta que no nos fueran servidos en la mesa, aguardamos expectantes casi como cuando eramos niños la noche previa a la llegada de sus Majestades de Oriente. Como también habíamos pedido carne nos subió una suave crema de mousse de yuzu para limpiar nuestro paladar del sabor del pescado para que este no interfiriese en la percepción del sabor de la carne. 
Si nuestra selección de pescado y marisco nos había encantado, la carne nos hizo levantar de nuestros asientos nada más ser servida, por su intenso aroma, sutil juego de texturas y elaborada presentación. 

Damos comienzo con una de las especialidades más aclamadas del público y con mejor crítica, las croquetas de rabo de toro, lejos de lo que podamos creer, se presenta en un formato superior al de las habituales y su delicioso sabor sacia desde el primer bocado.

El solomillo de ternera a la plancha con sal gorda y guarnición es acompañado por una ración de verduras a la plancha y una cuenco de caldo concentrado de carne. Bocado a bocado se deshace en la boca casi sin la necesidad de masticarlo.

La costilla de cordero en salsa con guarnición de patata al romero en salsa no deja indiferente a nadie, tanto por la exquisitez de su sabor como su estudiado punto de cocción acorde al acompañamiento de la salsa creando un juego de texturas muy agradable en el paladar. 

Los postres deberéis ir a probarlos pos vosotros mismos porque carecemos de palabras para describir el cúmulo de sensaciones que experimentó nuestro paladar al saborearlos. Sólo os diremos que si os gusta ser sorprendidos, muy gratamente, preguntéis qué postre casa mejor con vuestra elección de la carta.

Si sois de los que lamentablemente disponéis de poco tiempo para comer al medio día, decidiros por su menú ejecutivo. No os defraudará.

Desde Monsieur Privé queremos dar las gracias a todo el equipo por el excelente trato recibido y por habernos hecho sentir en todo momento como en nuestra propia casa arropados con su cariño y hospitalidad. 
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